Allí se alzaba, en aquellas tierras sombría cubiertas de muerte y oscuridad, la orgullosa e intimidante base de la Orden.
Lionell se hallaba frente a la poderosa cúpula que protegía las estancias, disfrutando de la exquisitez con la que había sido hilada semejante barrera de poder.
Algunos recuerdos invadieron vagamente sus pensamientos. Había crecido en aquella zona, y en ella había pasado sus mejores pero también sus peores momentos. Allí fue nombrado Guardián de la Orden, y también había sido derrocado.
La base de la Orden no sólo representaba un imperecedero lugar donde mantenerse a salvo, donde convivir con el resto de los compañeros, o donde reunirse. Representaba un símbolo de poder, un poder que determinaría en muchas ocasiones la supervivencia de la misma y de aquellos que se refugiaban entre sus paredes... y como tal, debía ser destruida.
Los manáfagos ya había comenzado a hacer su trabajo. Aquellos canes demoníacos absorbían la inagotable magia arcana que componían las distintas capas de la barrera. Infinidad de enemigos habían intentado atravesar sus escudos con el paso del tiempo, pero muy pocos lo habían conseguido, y menos aún habían logrado contarlo.
Lionell rozó con su mano el exterior de la cúpula como si de una caricia se tratase. Es el momento, pensó.
Apoyó su mano sobre la barrera mientras se concentraba, y segundos después pudo observarse como alrededor de ésta comenzó a crearse una especie de mancha de color púrpura.
La cúpula comenzó a resquebrajarse lentamente desde la zona en la que el brujo había tocado. Varios senderos agrietaban la mágica barrera, expandiéndose en su totalidad, dejando la imagen similar a la de un cristal a punto de desintegrarse.
Y así ocurrió, una bola de fuego impactó sobre la misma provocando que miles de pedazos de lo que hasta ahora había sido su escudo protector volaran por los aires.
Lionell sabía que no quedaba ningún miembro de la orden en el lugar, pero no le importaba, no pretendía realizar una ofensiva sino mandar una señal.
Una señal que indicaba cuanto rencor poseía dentro de lo más profundo de su ser.
Una señal que les haría sentir débiles de nuevo, perdidos, y sin un lugar a donde ir.
Una señal que determinaba que no pararía hasta poseer el talismán del destino.
El brujo se encargó de que cada recoveco de aquel lugar ardiera entre las llamas de su venganza mientras susurraba algunas palabras para sus adentros.
Ya os he conocido y he sido capaz de saber cuan poderosos sois, ahora es hora de que me conozcáis a mi... y a mi orden...porque no me detendré hasta conseguir aquello que anhelo.
martes, 26 de noviembre de 2013
Prólogo Cap IX - El corazón de Y'shaarj
El eco de los pasos era el único sonido que se expandía por las cámaras. Mientra el grupo avanzaba por aquellas vacías y siniestras estancias, las oscuridad y el silencio era lo único que conseguían hallar. El palacio de mogu'shan había quedado totalmente abandonado, allí donde antaño se reunían mogus de todos los clanes y se alzaba con símbolo de gran poder, ahora parecía una cripta fantasma.
Las antorchas lograban iluminar escasos metros del largo túnel por el que avanzaban, los relieves y gravados de las paredes y suelos pasaban desapercibidos debido a la espesa oscuridad. Los tres monjes y la sacerdotisa avanzaban cuidadosamente sin bajar la guardia en ningún momento, enemigos podían hallarse en cualquier escondrijo, desde sauroks saqueadores hasta alguna bestia que hubiera logrado adentrarse en las salas.
La misión parecía simple, tan solo debían investigar sobre una reliquia mogu que podría haber sido escondida en las cámaras.
Tahlean ojeaba un pequeño mapa del palacio.
-Estamos cerca, podría estar en la siguiente sala.- anunció el elfo con el semblante serio habitual.
-Llevamos más de una hora aquí metidos, para no encontrar nada más que escombros y baratijas.- se quejó Iruam
Alasios se detuvo unos segundos, el grupo se percató ya que él portaba una de las antorchas.
-Hay alguien más...- la ceguera del monje le habría permitido oír algo que el resto no percibió.
Un estruendo cercano alertó al grupo. Iruam arrebató la antorcha a Beatrice y avanzó rápidamente por el túnel.
-¡Iruam detente!
El Kaldorei corrió tras él, seguido de Beatrice y Alasios. Iruam logró llegar a la sala antes que el resto, pero no encontró indicios de vida alguno. Sin embargo, en el centro de la sala algo logró llamar su atención. Parecía ser un enorme y robusto cofre de piedra. El cofre tenía grabados de color dorado en los bordes, y símbolos mogu que cubrían todo el exterior. Iruam hizo ademán de abrirlo, pero como era de esperar se hallaba cerrado a cal y canto. Sin embargo, en sus manos tenía la llave que revelaría el interior de éste.
Iruam introdujo en la cerradura una llave que había sido conseguida por la orden meses atrás. Una llave capaz de abrir cualquier cerradura, y ante el monje se encontraba la primera prueba que revelaría si las leyendas que contaban acerca de ésta eran ciertas o por el contrario eran absurdas historias de piratas. La llave era de un tamaño inferior a la cerradura, pero nada más introducirla, ésta brilló con una potente luz. El monje giró la llave y el cofre se abrió desprendiendo una especie de niebla que desapareció entre la oscuridad de la sala. Dentro se hallaba guardada una valiosa reliquia con forma de cetro.
-¡Iruam detente!- repitió el Kaldorei.-¡No sabemos que poderes tiene esa reliquia!
Mientras el resto del grupo alcanzaba al elfo, Iruam se hallaba ensimismado con la belleza y exquisitez con la que había sido creado ese cetro. Tuvo un impulso de cogerlo, pero se detuvo a escasos centímetros. El joven monje oyó un leve susurro en su interior.
''Vamos...tómalo...has logrado llegar hasta aquí... lo mereces.''
Iruam ni siquiera escuchaba al resto del grupo.
''Si no te haces con él... el resto del grupo te lo arrebatará... ¿Vas a dejar que mancillen tu orgullo una vez mas?...''
El monje agarró el cetro con fuerza levantándolo y un brillo lo envolvió junto con la reliquia. Un rayo de color esmeralda impactó en el cetro provocando que la reliquia saliera despedida por la sala hasta caer por alguna zona de la estancia.
Iruam se giró con rabia para descubrir que era Tahlean, su maestro, el que había lanzado ese rayo. Con furia arremetió contra el elfo lanzando un rayo similar al que había lanzado el monje segundos antes. Pero no fue el rayo lo que impacto en el Kaldorei. Tahlean recibió fue empujado fuertemente por Alasios, que lo desplazó hasta chocar con una columna cercana, recibiendo él el impacto del rayo.
Beatrice corrió hasta el cuerpo inmóvil de Alasios, sus manos inundadas en luz intentaban sanar las heridas de éste. Iruam se arrepintió de lo que acababa de hacer, se acercó rápidamente hasta el grupo, pero un golpe en la cabeza lo detuvo. El elfo le había propinado un fuerte golpe que le hizo caer de rodillas.
Una voz inundó entonces la mente del Kaldorei.
''¿Vas a dejar que siga dejándote en evidencia..? ¡Acaba con él!''
Tahlean agarró a Iruam del cuello apretándole tan fuerte que le impedía respirar. El humano se halló suspendido en el aire por el brazo que le asfixiaba. Aunque el monje arremetió varias patadas en las costillas al elfo, éste seguía sin inmutarse mientras el humano luchaba por sobrevivir.
Beatrice se percató de la lucha que mantenían ambos.
-¡Parad!- las palabras de la sacerdotisa fueron ignoradas por el elfo.- ¡Tahlean detente, suéltalo!
Beatrice se concentró mientras se incorporaba. Un halo de luz salió despedido de su interior iluminando y arrasando todo a su paso, derribando consigo a los monjes que se hallaban enzarzados en la pelea.
Tahlean se incorporó lentamente. Sentía un gran dolor en un dorsal, y tenía magulladuras por todo el cuerpo. Observo vagamente entre la oscuridad el cuerpo inconsciente de Iruam. Recorrió la sala con la mirada hasta encontrarse con una de las antorchas que iluminaba a Beatrice y Alasios. Se acercó a ellos y descubrió como la sacerdotisa lloraba desconsoladamente.
Beatrice agarraba la mano de Alasios mientras se mecía. El elfo se arrodilló junto a ellos.
-Esta...muerto.- afirmó la sacerdotisa.
-No...no puede ser..
Tahlean comprobó la respiración de Alasios confirmando las palabras de Beatrice. El elfo sintió como si un agudo pinchazo ahondara profundamente en su corazón. Alasios había sido un gran rival para él, pero aun más importante, había sido un compañero honorable. El elfo no pudo evitar derramar algunas lagrimas e intentó consolar a Beatrice que se hallaba enteramente derrumbada.
Desde un oscuro rincón de la sala y semioculto tras una columna, un invitado observaba la escena. Al igual que el elfo, o que su esposa Beatrice, el guardián no pudo controlar sus sentimientos dejando caer algunas lagrimas que recorrieron sus pálidas mejillas.
Sin duda era una de las peores visiones que había presenciado, peor incluso que las que había vivido junto al señor Awiergan Osbourne. Marther agarró el talismán con fuerza y le suplicó para abandonar la visión.
La oscuridad ocultó la escena al completo, sin embargo el guardián no había abandonado la visión aún. Marther estaba totalmente a oscuras. En un principio pensó que se trataba de un estado de transito entre el trance de la visión y la realidad, pero entonces oyó un ruido. Se trataba de un sonido periódico parecido al de un goteo continuo, acompañado de una percusión. El guardián creyó que se trataba de tambores de guerra, pero el sonido provenía de la sala en la que se encontraba y no del exterior. Una resplandeciente luz apareció en la mano del paladín, iluminando precavidamente el lugar en el que se encontraba. Buscó rápidamente indicios de vida o enemigos en aquel lugar, pero parecía que se hallaba solamente él.
En el angulo opuesto de la sala se encontraba una especie de trono. El guardián se acercaba lentamente con recelo. Una especie de chasquido le hizo detenerse, un charco de color púrpura se hallaba a sus pies. El paladín se agachó lentamente y barajó en su mente de que tipo de líquido podía tratarse. Una gota desequilibró la armonía del charco al caer en éste y cubrirlo de ondas que se expandían lentamente.
Un escalofrío recorrió a Marther. Mientras retrocedía unos pasos levantó la vista hacia el techo de la sala. Entonces lo vio, atado con cadenas en mitad de la estancia, mientras la sangre manaba lentamente y el latir parecía marcar las pautas de unos tambores en la batalla.
El guardián se quedó completamente petrificado. Un frío sudor cubrió la frente del humano y sus piernas y manos temblaban como nunca antes lo habían hecho. Su garganta parecía haberse negado a tragar saliva y sus ojos no parecían querer cerrarse ante la espeluznante situación.
Marther agarró con fuerza el talismán implorando a la misma reliquia, a la luz o a cualquier ser superior que le sacaran de aquel lugar. En su mente se barajó incluso la posibilidad de quitarse la vida si el artefacto no llegaba a funcionar y alguien descubría que había estado allí. Pero por suerte todo se volvió negro y al abrir los ojos de nuevo se encontraba rodeado del resto de miembros de la orden.
Marther Strang había luchado en infinidad de batallas, enfrentándose a poderosos enemigos, y sin embargo se hallaba tembloroso y aterrado como un niño por primera vez en su vida. Su esposa Beatrice le agarro fuerte la mano, el grupo parecía inquieto ante el aspecto del guardián. Su mirada se hallaba vacía, sus labios estaban secos y su tez más pálida que de costumbre.
-Traed agua por favor.- dijo Thilane, y rápidamente Monlee le tendió una cantimplora que por una vez en su vida no estaba rellena de alcohol.
El grupo estaba asustado y temeroso, todos los miembros se apoyaban en aquellos que amaban, esperando las palabras del paladín.
Recuerdos del pasado viajaron por la mente de Marther, desde que la orden había sido formada se habían enfrentado a peligrosos enemigos y situaciones muy complicadas, pero aquello era distinto. Aquello superaría a todos con creces. No sabía, o mejor dicho, no se atrevía a propinar aquel mazazo a sus compañeros.
-¿Y bien, que habéis prresenciado?- preguntó Iridi para romper el silencio.
El guardián se extrajo de sus pensamientos y miró a la Draenei. Seguidamente miró a cada uno de los allí presentes: Awiergan, Muriel, Karin,... y entendió que no estaban preparados. Aun así tenían el legítimo derecho de saberlo.
-He visto un artefacto...-si podía llegar a llamarse así, pensó.- que debemos destr...- el guardián corrigió sus palabras.- Que debemos intentar destruir.- terminó por decir, recalcando las ultimas palabras ya que no creía que pudieran llegar a tanto.
-¿De que se trata?- preguntó impacientemente la señorita Muriel Greene.
El guardián se tomo unos segundos.
-El corazón de Y'shaarj
Las antorchas lograban iluminar escasos metros del largo túnel por el que avanzaban, los relieves y gravados de las paredes y suelos pasaban desapercibidos debido a la espesa oscuridad. Los tres monjes y la sacerdotisa avanzaban cuidadosamente sin bajar la guardia en ningún momento, enemigos podían hallarse en cualquier escondrijo, desde sauroks saqueadores hasta alguna bestia que hubiera logrado adentrarse en las salas.
La misión parecía simple, tan solo debían investigar sobre una reliquia mogu que podría haber sido escondida en las cámaras.
Tahlean ojeaba un pequeño mapa del palacio.
-Estamos cerca, podría estar en la siguiente sala.- anunció el elfo con el semblante serio habitual.
-Llevamos más de una hora aquí metidos, para no encontrar nada más que escombros y baratijas.- se quejó Iruam
Alasios se detuvo unos segundos, el grupo se percató ya que él portaba una de las antorchas.
-Hay alguien más...- la ceguera del monje le habría permitido oír algo que el resto no percibió.
Un estruendo cercano alertó al grupo. Iruam arrebató la antorcha a Beatrice y avanzó rápidamente por el túnel.
-¡Iruam detente!
El Kaldorei corrió tras él, seguido de Beatrice y Alasios. Iruam logró llegar a la sala antes que el resto, pero no encontró indicios de vida alguno. Sin embargo, en el centro de la sala algo logró llamar su atención. Parecía ser un enorme y robusto cofre de piedra. El cofre tenía grabados de color dorado en los bordes, y símbolos mogu que cubrían todo el exterior. Iruam hizo ademán de abrirlo, pero como era de esperar se hallaba cerrado a cal y canto. Sin embargo, en sus manos tenía la llave que revelaría el interior de éste.
Iruam introdujo en la cerradura una llave que había sido conseguida por la orden meses atrás. Una llave capaz de abrir cualquier cerradura, y ante el monje se encontraba la primera prueba que revelaría si las leyendas que contaban acerca de ésta eran ciertas o por el contrario eran absurdas historias de piratas. La llave era de un tamaño inferior a la cerradura, pero nada más introducirla, ésta brilló con una potente luz. El monje giró la llave y el cofre se abrió desprendiendo una especie de niebla que desapareció entre la oscuridad de la sala. Dentro se hallaba guardada una valiosa reliquia con forma de cetro.
-¡Iruam detente!- repitió el Kaldorei.-¡No sabemos que poderes tiene esa reliquia!
Mientras el resto del grupo alcanzaba al elfo, Iruam se hallaba ensimismado con la belleza y exquisitez con la que había sido creado ese cetro. Tuvo un impulso de cogerlo, pero se detuvo a escasos centímetros. El joven monje oyó un leve susurro en su interior.
''Vamos...tómalo...has logrado llegar hasta aquí... lo mereces.''
Iruam ni siquiera escuchaba al resto del grupo.
''Si no te haces con él... el resto del grupo te lo arrebatará... ¿Vas a dejar que mancillen tu orgullo una vez mas?...''
El monje agarró el cetro con fuerza levantándolo y un brillo lo envolvió junto con la reliquia. Un rayo de color esmeralda impactó en el cetro provocando que la reliquia saliera despedida por la sala hasta caer por alguna zona de la estancia.
Iruam se giró con rabia para descubrir que era Tahlean, su maestro, el que había lanzado ese rayo. Con furia arremetió contra el elfo lanzando un rayo similar al que había lanzado el monje segundos antes. Pero no fue el rayo lo que impacto en el Kaldorei. Tahlean recibió fue empujado fuertemente por Alasios, que lo desplazó hasta chocar con una columna cercana, recibiendo él el impacto del rayo.
Beatrice corrió hasta el cuerpo inmóvil de Alasios, sus manos inundadas en luz intentaban sanar las heridas de éste. Iruam se arrepintió de lo que acababa de hacer, se acercó rápidamente hasta el grupo, pero un golpe en la cabeza lo detuvo. El elfo le había propinado un fuerte golpe que le hizo caer de rodillas.
Una voz inundó entonces la mente del Kaldorei.
''¿Vas a dejar que siga dejándote en evidencia..? ¡Acaba con él!''
Tahlean agarró a Iruam del cuello apretándole tan fuerte que le impedía respirar. El humano se halló suspendido en el aire por el brazo que le asfixiaba. Aunque el monje arremetió varias patadas en las costillas al elfo, éste seguía sin inmutarse mientras el humano luchaba por sobrevivir.
Beatrice se percató de la lucha que mantenían ambos.
-¡Parad!- las palabras de la sacerdotisa fueron ignoradas por el elfo.- ¡Tahlean detente, suéltalo!
Beatrice se concentró mientras se incorporaba. Un halo de luz salió despedido de su interior iluminando y arrasando todo a su paso, derribando consigo a los monjes que se hallaban enzarzados en la pelea.
Tahlean se incorporó lentamente. Sentía un gran dolor en un dorsal, y tenía magulladuras por todo el cuerpo. Observo vagamente entre la oscuridad el cuerpo inconsciente de Iruam. Recorrió la sala con la mirada hasta encontrarse con una de las antorchas que iluminaba a Beatrice y Alasios. Se acercó a ellos y descubrió como la sacerdotisa lloraba desconsoladamente.
Beatrice agarraba la mano de Alasios mientras se mecía. El elfo se arrodilló junto a ellos.
-Esta...muerto.- afirmó la sacerdotisa.
-No...no puede ser..
Tahlean comprobó la respiración de Alasios confirmando las palabras de Beatrice. El elfo sintió como si un agudo pinchazo ahondara profundamente en su corazón. Alasios había sido un gran rival para él, pero aun más importante, había sido un compañero honorable. El elfo no pudo evitar derramar algunas lagrimas e intentó consolar a Beatrice que se hallaba enteramente derrumbada.
Desde un oscuro rincón de la sala y semioculto tras una columna, un invitado observaba la escena. Al igual que el elfo, o que su esposa Beatrice, el guardián no pudo controlar sus sentimientos dejando caer algunas lagrimas que recorrieron sus pálidas mejillas.
Sin duda era una de las peores visiones que había presenciado, peor incluso que las que había vivido junto al señor Awiergan Osbourne. Marther agarró el talismán con fuerza y le suplicó para abandonar la visión.
La oscuridad ocultó la escena al completo, sin embargo el guardián no había abandonado la visión aún. Marther estaba totalmente a oscuras. En un principio pensó que se trataba de un estado de transito entre el trance de la visión y la realidad, pero entonces oyó un ruido. Se trataba de un sonido periódico parecido al de un goteo continuo, acompañado de una percusión. El guardián creyó que se trataba de tambores de guerra, pero el sonido provenía de la sala en la que se encontraba y no del exterior. Una resplandeciente luz apareció en la mano del paladín, iluminando precavidamente el lugar en el que se encontraba. Buscó rápidamente indicios de vida o enemigos en aquel lugar, pero parecía que se hallaba solamente él.
En el angulo opuesto de la sala se encontraba una especie de trono. El guardián se acercaba lentamente con recelo. Una especie de chasquido le hizo detenerse, un charco de color púrpura se hallaba a sus pies. El paladín se agachó lentamente y barajó en su mente de que tipo de líquido podía tratarse. Una gota desequilibró la armonía del charco al caer en éste y cubrirlo de ondas que se expandían lentamente.
Un escalofrío recorrió a Marther. Mientras retrocedía unos pasos levantó la vista hacia el techo de la sala. Entonces lo vio, atado con cadenas en mitad de la estancia, mientras la sangre manaba lentamente y el latir parecía marcar las pautas de unos tambores en la batalla.
El guardián se quedó completamente petrificado. Un frío sudor cubrió la frente del humano y sus piernas y manos temblaban como nunca antes lo habían hecho. Su garganta parecía haberse negado a tragar saliva y sus ojos no parecían querer cerrarse ante la espeluznante situación.
Marther agarró con fuerza el talismán implorando a la misma reliquia, a la luz o a cualquier ser superior que le sacaran de aquel lugar. En su mente se barajó incluso la posibilidad de quitarse la vida si el artefacto no llegaba a funcionar y alguien descubría que había estado allí. Pero por suerte todo se volvió negro y al abrir los ojos de nuevo se encontraba rodeado del resto de miembros de la orden.
Marther Strang había luchado en infinidad de batallas, enfrentándose a poderosos enemigos, y sin embargo se hallaba tembloroso y aterrado como un niño por primera vez en su vida. Su esposa Beatrice le agarro fuerte la mano, el grupo parecía inquieto ante el aspecto del guardián. Su mirada se hallaba vacía, sus labios estaban secos y su tez más pálida que de costumbre.
-Traed agua por favor.- dijo Thilane, y rápidamente Monlee le tendió una cantimplora que por una vez en su vida no estaba rellena de alcohol.
El grupo estaba asustado y temeroso, todos los miembros se apoyaban en aquellos que amaban, esperando las palabras del paladín.
Recuerdos del pasado viajaron por la mente de Marther, desde que la orden había sido formada se habían enfrentado a peligrosos enemigos y situaciones muy complicadas, pero aquello era distinto. Aquello superaría a todos con creces. No sabía, o mejor dicho, no se atrevía a propinar aquel mazazo a sus compañeros.
-¿Y bien, que habéis prresenciado?- preguntó Iridi para romper el silencio.
El guardián se extrajo de sus pensamientos y miró a la Draenei. Seguidamente miró a cada uno de los allí presentes: Awiergan, Muriel, Karin,... y entendió que no estaban preparados. Aun así tenían el legítimo derecho de saberlo.
-He visto un artefacto...-si podía llegar a llamarse así, pensó.- que debemos destr...- el guardián corrigió sus palabras.- Que debemos intentar destruir.- terminó por decir, recalcando las ultimas palabras ya que no creía que pudieran llegar a tanto.
-¿De que se trata?- preguntó impacientemente la señorita Muriel Greene.
El guardián se tomo unos segundos.
-El corazón de Y'shaarj
Prólogo Cap VII - La Orden de los mares
La taberna se hallaba más vacía que de costumbre, podía deberse a que la noche había caído o a que el clima no era un aliciente para dar un paseo por la ciudad. El caso es que El Cordero Degollado ya no podía presumir de sus mejores tiempos, los nobles, magos y para qué engañarnos, los diestros de la magia prohibida, habían sido sustituidos por curiosos y maleantes que habían decidido frecuentarla.
El tabernero, ensimismado en sus solitarios pensamientos, regresó en sí cuando oyó que varios clientes acababan de cruzar el umbral. Ambos se quitaron las grandes y mojadas capas que les resguarban de la debil lluvía de primavera que caía en el exterior. El camarero reconocio al grupo, una joven pelirroja acompañada de un hombre de buen porte, pelirrojo también. Por supuesto se trataba de la señorita Leproux y el señor Lévi, ambos clientes asiduos en la taberna. Tambien se percató de que les acompañaba una joven de cabellos oscuros y ropajes exóticos a la que había visto anteriormente compañándoles en alguna que otra ocasión. El grupo decidió tomar la mesa del fondo para disponer así de una mayor privacidad. Los tres tomaron asiento y permanecieron en silencio hasta después de que el tabernero les sirviera las bebidas.Chantalle miró a ambos sin saber muy bien qué decir, lo ocurrido hacía unos días había conmocionado a todos los miembros de la orden. Giordano y Chantalle entrecuzaron sus miradas, ellos más que nadie habían tenido diferencias con la guardiana Thedya, pero no por ello deseaban lo que había ocurrido.
Chantalle miró a Thilane y se atrevió a decir:
-No habría alguna manera de...
-Lo repito por enesima vez, no hay manera de evitar lo que ha ocurrido.
-Pero el talismán de la niebla ya ha enviado a gente al pasado anteriormente...
-Y ya sabeis como terminó. Ya no existe el libro de las almas, quien fuera enviado al pasado quedaría atrapado sin manera de volver.
-Pero si no me equivoco, el guardián Caleb viene y va a su antojo, así que alguna manera habrá.- dijo Giordano.
-Es mejor no jugar con el pasado. Yo más que nadie siento su pérdida, aunque no llegué a conocerla como me hubiese gustado, ella se convirtió en guardiana cuando yo renuncié a ello, con lo cual me siento tan culpable como todos vosotros.
Por unos segundos permanecieron en un incómodo silencio.
-¿Volverás a la orden Thilane?-preguntó Giordanocon suma curiosidad.
El tintineo que desprendía el metal de las armaduras de unos guardias que se habían adentrado en la taberna les hizo desviar la atención hacia éstos. Eran tres los hombres que se aproximaron con paso decidido hacia el tabernero. Sus armaduras portaban el azul característico de la milicia Ventormentina. Era extraño que guardias de servicios entraran en una taberna si no era debido a algún altercado. Los guardias observaron al grupo desde la barra tras el breve dialogo que mantuvieron con el tabernero, y se acercaron decididamente hacia estos. Chantalle y Giordano levantaron la vista cuando estos estaban a pocos metros de ellos.
-Disculpadme.- dijo el caballero que parecía capitanear el grupo, y seguidamente hizo una reverencia de cortesía.- Buscamos a la señorita Chantalle Leproux.- dijo con tono grave mientras mantenía la mirada fija en los ojos de Chantalle.
- Sabéis que soy yo.- afirmó la misma al ver que no le quitaba el ojo de encima, y tras suponer que el tabernero les había solucionado su duda.- ¿En que puedo ayudaros mi general?
- Debéis acompañarnos.
- ¿Por qué razón debe mi señora acompañaros a vos? Creo que debéis darnos al menos una explicación.
El general desenrolló un pergamino y se dispuso a leer:
- Por orden de la corona, la señorita Chantalle Leproux, quedará bajo custodia de la guardia de Ventormenta, y será apresada durante cinco días en las mazmorras de la ciudad hasta que se celebre el juicio...
Chantalle se puso en pie bruscamente interrumpiendo al general con el ruido que produjo el arrastrar de la silla donde se sentaba.
- ¡¿Apresada?!.- gritó y seguidamente tanto Giordano como Thilane se pusieron en pie. - ¡Os exijo que me respondáis de que se me acusa!
- Se le acusa del asesinato de la señorita Thedya Hurley, hay pruebas suficientes para inculparle.- respondió el general con el semblante serio, y continuó leyendo el pergamino.- Cualquier persona sin distinción de clase y rango que se interponga correrá su misma suerte.- finalizó mirando fijamente a Giordano.
Mientras Chantalle discutía acaloradamente con el general, Giordano observó al grupo de guardias y llevó su mano hasta la empuñadura con decisión hasta que sintió como algo le frenaba. Thilane le agarró fuertemente el brazo. Este se giró y fulminó con la mirada a la sacerdotisa.
- No cometáis ninguna estupidez, Giordano.- le susurró Thilane.- has oído al capitán, creo que podréis ayudarla más si aun disponéis de vuestros contactos entre la nobleza.
Giordano relajó la mano y obedeció las sensatas palabras de la sacerdotisa. Mientras tanto por su mente se barajaba la palabra traición, y un sinfín de nombres tomaban forma en su cabeza. Desde alguno de sus enemigos del senado, algún miembro del santuario o hasta el algún enemigo que aún desconocían. Mientras tanto los rasgos y expresiones de Chantalle se habían endurecido, sus manos temblaban por la incertidumbre y el temor de lo que le depararía el destino.
Uno de los guardias hizo ademán de colocarle los grilletes.
- ¡No hace falta que me tratéis como a un animal, no opondré resistencia pero dejadme al menos despedirme!
El capitán asintió sin perder la seriedad que le caracterizaba, el grupo de guardias se alejó una distancia prudencial, bloqueando la salida de la taberna.
Chantalle miró a ambos con los ojos empañados, ambos se encontraban aún más destrozados que minutos antes.
- Yo no le he matado, lo juro.
- Lo sabemos amor mío, y juro que haré lo que esté en mi mano para descubrir quien es el traidor que nos ha tendido esta trampa.
Chantalle miró a Giordano con esperanzas de que encontrara algo que demostrara su inocencia en estos cinco días que le quedaban. Miro a Thilane a los ojos y la abrazó cordialmente mientras le susurró algo que sólo unos pocos entenderían:
- Necesito tu ayuda ahora más que nunca.- dijo mirando a la sacerdotisa que asentía sin saber bien como reaccionar.- Usa el talismán de la niebla, y si es necesario mostradle la verdad a la orden.
Thilane asintió esperando que fuera suficiente para demostrar su inocencia. Seguidamente Chantalle se acercó a Giordano, le acarició la mejilla y le entregó un tierno beso en los labios.
- Amor mio.- dijo Giordano mientras le acariciaba los cabellos rojizos a su amada.- no debéis temer, os juro que moveré cielo y tierra si hace falta para demostrar tu inocencia. Aunque tenga que asediar Ventormenta...
Chantalle le calló con otro beso en los labios.
- Giordano, no sabemos de quien ha sido obra, pero no confiéis en nadie, ni siquiera podemos confiar en el concilio del aquelarre en estos momentos. Si lo creéis conveniente reunid a la orden y al santuario... y actuad juntos.
- Pero.. el santuario... sus miembros no seguirán sin vos amor mio, sois su guía.- susurró el brujo mientras le acariciaba la mejilla.
- Entonce os cedo mi puesto con gusto, guiarles será vuestra misión a partir de ahora.
Chantalle se despidió dolorosamente de ambos y desapareció de la taberna escoltada por los guardias.
Así será amor mio, así será...
Prólogo Cap VI - Forjadores del destino
La maga Daelian Whitestorm se mantenía ensimismada en sus escritos como era de costumbre. Su escritorio, atestado de pergaminos y libros, sería hasta exagerado comparado con el de un escriba, y eso sin contar que poseía varios escritorios en su dormitorio. Sus estudios eran de lo más variopintos Daelian siempre había sentido un enorme interés por la magia y todo lo que rodea a esta. Un grato recuerdo le recorría la mente cada vez que se pregunta si es necesario recopilar tanta información. Entonces la maga recuperó en su mente la figura de un antiguo amigo suyo, un mago alto, de porte serio y elegante, de ojos verdes, cabellos negros azabaches y barba bien cuidada. Sin duda aquel orgulloso y atractivo mago había levantado pasiones entre las féminas Le conocía desde hace años, y siempre había cuidado bien de ella, sus consejos siempre los había guardado fielmente en su interior: '' Todo lo que queda escrito en un pergamino perdura hasta más allá de nuestras vidas, mientras que si tan solo lo reservas en vuestra memoria, algún día se irá junto a vos''.
Daelian sonrió al recordar las palabras de éste, y entonces el atractivo mago se esfumó para dar paso a un gato, un quejica y por supuesto arrogante felino, que era la principal razón de que estuviera tan atareada las ultimas semanas.
Varios golpes en la puerta la sacaron de sus recuerdos. Daelian abrió la puerta rápidamente y pudo observar al grupo compuesto por el alto cruzado Marther Strang, la alta sacerdotisa Beatrice Strang, el señor Alasios Doe y por supuesto el felino Frederic Kheerne. Si bien Daelian conocía bastante información de todos ellos, nunca había tenido el placer de conocerles en persona.
Daelian les invitó cortésmente a pasar y tomar asiento, aunque la habitación no era de gran tamaño, el grupo se acomodó como buenamente pudo.
- Buenas noches señorita Witherstorm.- saludaron educadamente
Daelian les sonrió calidamente mientras se recogía la larga cabellera blanca en una coleta.
- Habéis tardado más de lo que predijisteis.- reprochándoselo a Frederic
- Lo sé, era más fácil llegar a Dalaran en otros tiempos, cuando podía teletransportarme. - respondió Frederic.- Pero bueno, todo sea por no viajar a bordo de la rosa de los mares.
La rosa de los mares era un barco mercante posesión de Chantalle Leproux que les había ahorrado tiempo en algún que otro viaje, aun así el grupo había preferido viajar en una nave de la alianza y continuar a caballo desde la tundra boreal.
Daelian observó los rostros de los allí presentes y pudo descifrar parte de la razón por la que la habían citado días atrás
- ¿A qué se debe vuestra visita?- les pregunto, aunque ya conocía la respuesta.
- Ha ocurrido algo terrible, el talismán ha sido destruido.- respondió el paladín.
- Creemos que sin el talismán, la orden no tendrá ningún sentido, el grupo se ha distanciado aún más si cabe.- continuó Beatrice.
Daelian permaneció inmóvil observando a los allí presentes pudo ver el mismo patron en cada uno de ellos, todos compartían los mismos sentimientos de dolor y decepción, como si hubiesen perdido una parte de si mismos.
La maga había viajado hacía algunas semanas hasta las cavernas del tiempo, y allí había logrado tener una conversación con la creadora de los talismanes. Si bien era cierto que los talismanes debían ser destruidos mediante una alteración de energía llevada a cabo por varios cristales de poder, Nizdorni le había dejado claro que el talismán de la luz sería destruido de otra manera. Las dudas internas de la guardiana y el odio manifestante entre los miembros de la orden provocaría que el talismán se quebrara en pedazos.
- Si queréis mi consejo, puesto que deduzco que si habéis hecho tan largo viaje no ha sido para otra cosa que para que os aconseje, creo que deberíais continuar con vuestra vida.
- Pero eso ya no es tan fácil joven.- dijo Alasios
- Es cierto, nos hemos visto envueltos en asuntos que ni siquiera podríamos haber llegado a imaginar. ¿Como pretendes que sigamos como si nada?- dijo la sacerdotisa
- Comprendo vuestra situación, pero es algo que debéis hacer.
- Somos parte de la orden, y aunque el talismán haya sido destruido, hasta que no caigamos nosotros la orden seguirá existiendo.- dijo la Marther
La maga sonrío ante las palabras del grupo.
- Si estáis tan decididos de que la orden continuará aun sin la existencia del talismán, podríais hallar vuestras respuestas en la búsqueda de otro artefacto que sustituya al talismán Azeroth está lleno de artefactos mágicos...
El paladín interrumpió poniéndose en pie con el semblante serio mientras mantenía la mirada fija en los azules ojos de la maga.
- Vos no lo entendéis y jamás lo entenderéis Vuestro rostro denota juventud e insensatez, no habéis pertenecido a la orden, no sabéis cuanto significaba ese objeto para todos nosotros.
Daelian se puso en pie seriamente encarándose con el paladín
- No me tratéis como una niña, y menos cuando habéis venido a pedirme consejo.
Marther guió la mirada hasta Frederic, el cual le hizo un gesto para que se relajara. Ambos tomaron asiento de nuevo y la maga continuó hablando:
- Nizdorni, la creadora de los talismanes creó hace años cinco talismanes. Tras varios años, la orden se encargó de destruirlos uno a uno, hasta que quedó el talismán de la luz, el cual se encargaron de proteger para evitar que cayera en manos equivocadas. Esa fue la verdadera razón por la que se fundó la orden. Ahora ese talismán se ha... autodestruido por así decirlo. Un ciclo ha terminado, y otro ha de comenzar, pero para ello debo estar segura de que la orden es algo más que una simple encomendación, de que es parte de vosotros.
El grupo escuchaba atentamente las palabras de la joven. Daelian continuó.
- Como bien sabéis los talismanes no aparecieron de manera natural, fueron creados. Y como hizo antaño Nizdorni...-la maga desenrollo un largo pergamino con notas precisas.
- Nosotros crearemos nuestro propio talismán.-continuó la maga
Los allí presente se encontraban asombrados y con incredulidad ante lo que habían oído.
- No es posible... ¿Que guarda ese pergamino Daelian?- preguntó Frederic
- La forma en que se construyeron los talismanes iniciales.
- ¿ Sabéis a lo que os arriesgáis teniendo algo así en vuestras manos verdad?- dijo Marther
- Lo sé, pero no durará mucho, tras la creación del talismán el pergamino será quemado.
- ¿Como evitará eso que los miembros de la orden decidan crear cuantos artefactos deseen, una vez sepamos como se construyen?- preguntó Frederic
- Ninguno sabréis al completo como se construyen, alguno os encargareis de encontrar unas piezas mientras otros iréis en busca de otras. De manera que con la desconfianza que existe entre vosotros jamás revelareis vuestra parte del trabajo por si vuestros compañeros no os son tan sinceros al revelaros su parte.
- ¿Que ocurrirá con el resto de la orden, no serán informado?- preguntó el paladín
- Querido...vosotros tenéis tanto derecho como ellos a crear el artefacto. Y he de deciros que la rosa de los mares es mucho más rápida de lo que creéis vuestros compañeros han partido hace horas en busca de la primera pieza...
jueves, 21 de noviembre de 2013
Dados Lionell
Lionell Sheram
Habilidad especial:
-Como maestro de invocación, Lionell es capaz de invocar a dos esbirros que lucharán junto a él.
-Cuando su vida llega a 20, usará
armadura vil: su defensa aumentará +5 durante el resto del combate.
-Cuando su vida llega a 20, usará
armadura vil: su defensa aumentará +5 durante el resto del combate.
Ataques básicos
Descarga del caos: tirar dados 3-5, el resultado obtenido se sumará al resultado de la tirada 1-20
Lluvia de fuego: +3 en tirada. Realiza un ataque que afecta a todo el grupo.
Ataque poderoso
Cataclismo: +10 en tirada. Ataca a un jugador aleatorio, si el ataque logra dañar a su enemigo, éste perderá 2 vidas y se mantendrá incapacitado el siguiente turno. (3 turnos de reutilización)
Defensa
45-50 Vidas
Básica 1-20
Demonios
Shivarra
Ataques básicos
Filotormenta: Ataca a todos los enemigos con tirada normal 1-20. (Cuando su vida llega a 10 obtendrá +5 en sus tiradas de ataque)
Provocar (Pasivo): Atrae la atención del grupo evitando que ataquen al brujo.
Defensa
Abisario
Ataques básicos
Descarga de las sombras: +3 en tirada a uno de sus enemigos.
Provocar (Pasivo): El demonio atrae la atención del grupo evitando que ataquen al brujo.
Defensa
domingo, 17 de noviembre de 2013
Maquinaria de asedio!
Cohete de dos plazas
El cohete de dos plazas es prácticamente imposible de alcanzar en un ataque a distancia debido a su elevada velocidad, siendo el vehículo más difícil de derrotar. Es capaz de recoger a un compañero cuyo vehículo haya sido destruido.
Cuando hay un piloto dirigiendo el cohete: el vehículo adquiere +12 de defensa en todas sus tiradas de defensa, pero su ataque no posee bonificación.
Cuando hay dos miembros a bordo del cohete: el vehículo reduce su defensa a +6, pero a cambio el copiloto obtiene +6 a la hora de atacar. El piloto siempre atacará sin bonificación.
Resistencia: 12 daños
Helicóptero
El helicóptero es el vehículo más versátil entre los disponibles, mezclando ataque y velocidad a la hora de esquivar.El vehículo obtiene +5 en tirada de ataque y +5 en tirada de defensa durante todo el combate.
Resistencia: 14 daños
Cohete bomba
El cohete bomba es el vehículo más potente a la hora de atacar, pero a su vez el más inestable siendo su resistencia bastante escasa.El vehículo obtiene +X en tirada donde X es igual a la mitad del resultado obtenido en la tirada de ataque anterior de este vehículo. (En caso de resultado impar se redondeará al alza)
No posee bonificación de defensa.
Resistencia: 10 daños
Cuando el cohete bomba acumule 10 daños explotará creando una tirada especial donde se obtendrá +20 en una tirada de ataque para dañar al enemigo.
Golem aéreo
El golem aéreo destaca en su gran resistencia a la hora de hacer frente a los golpes enemigos, mientras su poder aumenta según avanza el combate.El vehículo obtiene +2 en tirada de ataque y +2 en defensa que se irá acumulando en cada turno, hasta llegar a un máximo de +10, una vez alcanzado se reiniciará.
Resistencia: 20 daños
viernes, 1 de noviembre de 2013
Dados Johanna ''La alquimista''
''La alquimista''
(Eliminada)
(Eliminada)
Oficial de la orden oscura dirigida por ''El maestro''.
Esta maestra alquimista es capaz de aniquilar incluso al enemigo más poderoso con el uso de pociones y elixires.
Entre sus puntos débiles se encuentra la lucha cuerpo a cuerpo o incluso mediante hechizos.
Habilidad especial:
-Esta enemiga no usa ataques, tan solo usa pociones con distintos efectos.
-La alquimista realizará sus ataques aleatoriamente según determine una tirada de dados 1-8. El resultado de la tirada será la acción que realice de la siguiente lista:
-La alquimista realizará sus ataques aleatoriamente según determine una tirada de dados 1-8. El resultado de la tirada será la acción que realice de la siguiente lista:
Lista de acciones
1- Poción que realiza una quemadura. +2 en tirada al usarla.
2- Poción que inflige dolor. +4 en tirada al usarla.
3- Poción que paraliza a un enemigo aleatorio durante un turno. Se realizará con éxito al obtener 10 o más en tirada, es imposible de parar, esquivar, bloquear...
4- Poción que explota infligiendo daño a todos los enemigos.
5- Elixir que sana a la alquimista 1 vida si obtiene 10 o más en tirada.
6- Elixir que sana a la alquimista 3 vidas si obtiene 10 o más en tirada.
7- Poción que aumenta la defensa de la alquimista +4 en todas las tiradas de defensa del siguiente turno.
8- Poción de huida. Al obtener un resultado de 10 o más en cada una de las tres tiradas 1-20, la alquimista logra escapar del combate.
Defensa
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